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Covid-19: Brecha digital agrava la exclusión de personas con Síndrome de Down

Según expertos, la falta de accesibilidad digital provoca en las personas con síndrome de Down un aislamiento social y laboral.

En la actualidad, y debido a la pandemia por covid-19, la mayor parte de la sociedad no concibe su vida diaria sin el acceso a las tecnologías digitales. Trabajo, educación, información y entretenimiento son apenas algunos aspectos del universo digital a los cuales es posible acceder gracias a Internet.

Para las personas con discapacidad intelectual o Síndrome de Down, estas tecnologías son, además, un método de aprendizaje y un instrumento que facilita su evolución, constituyendo una de las claves para su completa inclusión en la sociedad. No obstante, este período tan singular que estamos viviendo ha dejado en evidencia tanto la dependencia que tiene la población general del mundo digital, como la falta de accesibilidad tecnológica a la que se enfrentan diariamente determinados colectivos.

Esa falta de accesibilidad provoca una gran brecha digital que acrecienta aún más las desigualdades que existen entre la población general y las personas con discapacidad intelectual. Este aspecto está directamente relacionado con la escasez de herramientas a las que tienen acceso estos colectivos, así como con la situación económica particular de las familias.

La inserción laboral es uno de los primeros indicadores que los expertos señalan como prioritario debido a la crisis y a cómo esta está afectando a las personas con discapacidad física o intelectual. Según desvela un informe de Odismet, titulado “Efectos y consecuencias de la Covid-19 entre las personas con discapacidad”, el 12% de los individuos con discapacidad que ocupaban un puesto de trabajo antes de la pandemia lo ha perdido, mientras que el 60% teme perderlo.

Lo anterior resulta preocupante, teniendo en cuenta que, por ejemplo, en países como España solo una de cada cuatro personas con discapacidad tenía empleo antes de que el covid-19 irrumpiera en nuestras vidas, es decir, 25,5% frente al 66% de la población general. Estos datos, son pues, aún más desesperanzadores y demoledores para el colectivo con discapacidad intelectual, ya que su inserción laboral resulta aún más compleja.

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